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31Mar

El rincón del Friki III

Mi primer Linux.

Mi primer LinuxAlgo maravilloso sucede cuando instalas una distribución de Linux por primera vez. Sientes que entras en un mundo mágico. Una sensación de libertad recorre tu nuca. Un soplo de aire llena tu pecho adquiriendo una pose orgullosa. La posibilidad de recorrer un nuevo camino, te hace sentir como un aventurero que recorre el salvaje mundo virtual. Te sientes maravillosamente bien hasta que te das cuenta de que no te ha reconocido los drivers de la wifi y no tienes acceso a internet. Entonces, te sientes estúpido.
Está claro que los inicios nunca son fáciles. Pero si durante años has estado adoctrinado por el malvado Imperio de las ventanas, los comienzos pueden ser muy malos. Hoy en día ya no hay tanto problema, pero en mis tiempos (si, ya sé que suena a viejo, pero soy un querubín muy experimentado xD) siempre fallaba algo, o bien porque no reconocía algún componente de tu pc o bien porque habías metido la pata.
Tras varias horas visitando foros del tema, algunas páginas de dudosa reputación y de beber  varios refrescos rebosantes de cafeína, conseguías solucionar el problema. Volvías a estar orgulloso de ti mismo. Salías de esa pocilga llamada habitación y llenabas el pecho con ese aire no viciado. Te dirigías hacia el salón de tu casa y gritabas “HE INSTALADO UN LINUX”. El problema era que la respuesta era más grandilocuente que tu pronunciamiento. “CALLA FRIKI”.

 
Averiguar que solo tú valorabas el esfuerzo realizado, aunque al principio era desilusionante, te convertía en un elegido, en uno de los pocos que podría salvar el mundo de las garras del Imperio. La verdad es que siempre fui una persona con una gran imaginación. Y si a eso le añades que en plena pubertad no era precisamente un adonis para el sexo opuesto (tampoco ha variado mucho eso), toda esa energía tenía que salir por algún lado. Y defender la cultura libre, el código abierto, te hacía sentir especial. Y en esta vida o encuentras una persona que te haga sentir especial, o haces algo que te produzca el mismo efecto. Ese es el secreto de la felicidad. El ego humano no ha sido creado para ser uno más.

 
Pronto entendí los problemas del software libre. Una industria del hardware que no pensaba en otro sistema que no fuera Windows, y la cantidad de distribuciones que tenía Linux. ¿Cuál elegir? Entre los propios usuarios había discrepancias e incluso luchas. No parecía que una industria tan asentada como la del software (independientemente de lo joven que era) pudiese afectarle un grupo de idealistas diseminados por todo el mundo . De hecho, en un principio ni siquiera fueron tomados como una amenaza a su negocio. Pero se equivocaron.
Microsoft y Apple podrán pagar a los mejores programadores, pero el número de horas de trabajo que invertirán en desarrollar el Sistema será irrisorio, aun juntando ambas plantillas, comparado con el ejército de programadores de que dispone el software libre.  Programadores motivados por unos ideales, por la convicción de que el código debe ser libre, de que la cultura debe ser libre. Y sabiendo que la táctica preferida de Microsoft para deshacerse de la competencia es la de comprarla. En estos ideales del software libre, ha encontrado un muro. Goliat ha encontrado a su David.
La guerra del software comenzó en la década de los ochenta. Una guerra que dura hasta nuestros días. Una guerra oculta. Con demasiados intereses para no ser sucia. Pero ya escribiré un artículo sobre ella, de cómo me impliqué y como sigo luchando cada día.

 
El tema de hoy es el primer Linux. Para mí fue un Suse. Pero pronto migré a Ubuntu pasando por Fedora . He probado casi todos. Y probablemente me haya quedado con los tres que más he disfrutado por ahora. Mi disco duro reparte su espacio en estos momentos entre Xubuntu, Mint y Gentoo. Estoy satisfecho con su funcionamiento, y más teniendo que usar en el trabajo Windows 8.
Mi recomendación para alguien que quiere empezar con Linux, es la de instalar Xubuntu. A nivel de usuario final, me parece aceptable. Tiene mucha documentación e infinidad de foros donde preguntar dudas.

 
Más allá de ideales y estúpidos pensamientos frikis, el software libre me ha permitido entrar en un mundo donde cada día sigo aprendiendo. A cada paso que doy, me doy cuenta que quiero dar tres más. Si, ya sé. Tú ya controlas el güindous. ¿Para qué vas romperte la cabeza con algo nuevo? Porque el día que dejes de aprender, será el día que empieces a envejecer de verdad.

Tú decides. ¿La pastilla azul o la roja?